martes, 10 de enero de 2017

                         
     

 

                        las cosas pasan por algo 

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“Todo sucede por una razón. Ni antes ni después. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir”.

Me hago a menudo esa reflexión porque he llegado a la conclusión de que es absurdo batallar contra el destino o desear que ocurra o no ocurra algo si en el cauce de la vida está previsto que ocurra.
Muy filosófica y refranera me he levantado hoy, lo sé, pero es un sentimiento que llevo tiempo interiorizando y que así trato de transmitir a mis amigos cuando están apurados por un tema que se escapa de sus manos.
Me casé muy joven porque todo nuestro afán era ser padres rápido. Sin embargo, el peque tardó en venir cinco largos años. No es que lo buscáramos durante ese tiempo y no llegara sino que cada vez que barajábamos la idea de buscarle surgían mil obstáculos que nos lo impedían: trabajo, dinero, salud, familia… Durante ese tiempo recuerdo que me martirizaba pensando en el tiempo transcurrido y en lo lejos que parecía estar de alcanzar mi sueño.
Sin embargo, cuando tuve a mi hijo en brazos supe que aquel había sido el momento preciso. Ni antes ni después. Todo el cúmulo de situaciones vividas me había llevado hasta él y de no haber sido por ese “ahí” y ese “ahora” las cosas habría sido muy diferentes y mi niño no sería mi niño.
Pero soy de naturaleza nerviosa y planificadora y al poco tiempo de nacer  mi hijo, y a pesar de creer que había asumido aquella lección de vida, de nuevo me entraron las ganas de controlar todo aquello que no podía controlar. Esta vez quería un hermano para mi hijo y que se llevara exactamente con él dos o tres años. Otra vez el destino y sus baches me enseñaron que planear no está bien; que las cosas no siempre son como uno quiere y que cuando ocurren o no ocurren es, sencillamente, por alguna poderosa razón.
Así que aquí me hallo; escribiendo este post mientras noto a la Pulgui aletear en mi tripa,pensando en que este no era el momento que yo tenía pensado para ella pero que, sin embargo, está aquí porque la vida así lo ha querido.
Tengo una amiga que busca un bebé desde hace meses. Se agobia porque suena demasiado cerca su tic tac biológico y yo siempre le digo lo mismo: deja a la vida fluir.Las cosas vendrán cuando tengan que venir y sucederán por algo.
¡Nunca sabemos las cantidad de cosas buenas que nos tiene preparado el destino! Sólo hay que saber esperar…



saludos roger alejandro 
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domingo, 8 de enero de 2017

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REFLEXIONES OBRAS
JESUS TV 


que dices ⇛

Imagen relacionadaa sido un corto tiempo pero as demostrado en mi vida muchas cosas k nunca imagine que fueran siertas lo k sentías pensé que era atracción pero me as demostrado no solo lo k sientes por mi sino por las cosas mas maravillosas  pensé k todo era una fantasía tuya pero no es asi    es por eso que quiero desirtelo   Hola señorita  
perdone si la molesto  
pero desde que la vi  
solamente en usted pienso  

quisiera hablar de lo nuestro  
de lo que yo estoy sintiendo  
y es que mucho yo la quiero  
y le juro que yo no  
le estoy mintiendo  

despertó unos sentimientos  
que ni siquiera conocía  
elevo mi autoestima  
y hoy me encuentro en la cima  

esto que yo estoy sintiendo por usted  
es algo inexplicable  
por eso es que le hablo  
de una manera muy amable  

yo quisiera ser feliz  
y que tu lo seas conmigo  
por supuesto como novios  
y no solo como amigos  

perdone si la tuteo  
pero ya entre en confianza  
yo la amo,  
usted me ama  
me lo dijo su mirada  

yo le are una propuesta  
no se sienta presionada  
¿aceptaría ser usted  
la princesa de mi cuento de hadas?  

yo quisiera un SI como respuesta  
que saliera de sus labios  
pues no sabe usted las ansias  
que yo tengo por tenerla entre mis brazos  
demostrarle que la amo  
que mi amor es sincero  
que el amor que yo le tengo  
es mas grande  
que el universo entero...  

yo quisiera que usted fuera mi novia  
y tomarla de la mano  
decirle que la amo  
és lo que siempre eh soñado  
taparle los ojitos  
y darle millones de besitos  
se me hace muy bonito  

sabes no soy muy romántico  
pero quiero tenerte conmigo  
en mi mundo mágico  

yo seré tu cosmos  
tu seras mi wanda  
tu la que sabe todo  
y yo él tonto que nunca sabe nada  
solo sabe amarte, quererte 
déjame demostrarte  
que mi amor es sincero  
sabes no soy muy guapo  
pero en verdad te quiero  

y es que me flechaste  
por tu carita de ángel  
una mirada, una sonrisa  
vasto para enamorarme  
tengo miles de razones 
por las que tu me gustaste  

y aunque sea mi peor fobia  
quiero preguntarte algo  

niña ¿¿¿QUIERES SER MI NOVIA??



attm 


joel para  karen  









joel y karen 

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viernes, 6 de enero de 2017

Comentario al Evangelio de hoy 

¡Sigue a la estrella!
El misterio de la Navidad es tan grande y tan profundo, que no basta un día para entrar a fondo en él y descubrir todas sus dimensiones. A la noche y el día de Navidad, en que contemplamos la luz del niño Dios nacido en Belén, le siguen otras fiestas que van iluminando un cuadro armonioso. La fiesta de la Sagrada Familia nos habla de un contexto de relaciones humanas, del que la verdadera humanidad de Jesús tenía necesidad para desarrollarse y crecer. Las fiestas de San Esteban y de los santos inocentes, para evitar un exceso de sentimentalismo, nos recuerdan que Jesús nace en un mundo violento e injusto y que Él mismo, y otros por su causa, habrán de sufrir las consecuencias de esa situación “no ideal” del mundo en la que tiene lugar la encarnación.
El misterio se completa con esta fiesta de la Epifanía o Manifestación de Cristo a los gentiles, nuestra popular fiesta de los Reyes Magos. Es una fiesta que enlaza directamente con la del domingo siguiente: el Bautismo del Señor, otro momento de manifestación, pues es el momento del comienzo del ministerio público de Cristo; y con la Bodas de Caná, que Juan presenta como el comienzo de los “signos” que Jesús realiza para anunciar que Dios está ya cumpliendo sus promesas. De hecho, la liturgia oriental reúne en una sola fiesta (aquí en Rusia es el día 7 de enero, esto es, mañana) la Navidad, y la Epifanía.
Mateo dice con el episodio de los sabios de Oriente que, ya desde su nacimiento, Jesús tiene una significación universal, sin distinción de razas, culturas y nacionalidades. Que Dios se haga hombre (ser humano) es algo que tiene que importarle a todo el mundo. No puede ser algo exclusivo de un grupo, un pueblo, incluso una confesión religiosa, por paradójico que parezca. Ya, antes de Cristo, y pese al tono fuertemente nacionalista de la religión judía, se dieron cuenta de ello los Profetas. Isaías hoy los representa a todos. Es algo que se deriva naturalmente de su monoteísmo: si el Dios de Israel es el único Dios verdadero, significa que es el Dios de todos los hombres sin distinción; luego la revelación que Israel ha recibido es para todo el mundo. Israel descubre así su vocación sacerdotal, de mediador entre Dios y la humanidad. Y, después de la muerte y resurrección de Cristo, Pablo es el gran batallador por la comprensión universalista de la fe cristiana, que impide que ésta se reduzca a una insignificante secta dentro del judaísmo.
Dios nace y se manifiesta: nace para manifestarse, para comunicarse, para hacerse accesible a todos. Esto tiene una importante consecuencia para la comprensión de nuestra fe, que no puede reducirse a una “opción privada”, a una íntima convicción que no debe manifestarse. Hoy, con frecuencia, en nombre de una tolerancia mal entendida, se nos invita a profesar la fe con tal de que no la manifestemos, de que la practiquemos en nuestro fuero interno, en el ámbito privado de nuestras asambleas litúrgicas, pero renunciando a tratar de que la fe impregne nuestro actuar, nuestro pensamiento y nuestra presencia pública. Es pedir un imposible. Jesús no vino al mundo a fundar un club privado, sino a decirnos que Dios es nuestro Padre, que nosotros somos sus hijos y que todos somos hermanos. Y esto atañe al mundo entero.
Así pues, respetando sin ambages la libertad de cada uno y renunciando a imponer nada a nadie, los cristianos no podemos dejar de proclamar el significado y la importancia para todos de lo que nuestra fe proclama, y de testimoniar, invitando a todos, a acercarse a conocer personalmente al hijo de Dios hecho hombre. Y es que la nuestra es una opción personal, pero no, en modo alguno, una opción meramente privada.
Un detalle importante de esta fiesta es el de la estrella. Los sabios de Oriente representan la sabiduría humana. No eran magos, sino sabios, posiblemente astrólogos o, dicho en lenguaje actual, astrónomos, una especie de físicos y filósofos, indagadores de la naturaleza y buscadores de la verdad. Que estos sabios, siguiendo la estrella, buscaran al niño para adorarlo, significa que entre la razón y la fe, entre la naturaleza y la gracia no hay contradicción alguna, que la ciencia y la revelación, sin reducirse la una a la otra, no son divergentes sino convergentes, pues por caminos distintos se encaminan a la verdad, el bien y la justicia, que, por vía natural o por vía revelada, tienen un mismo Autor.
La razón tiene sus limitaciones y en ciertos momentos necesita del apoyo de la revelación. Así, el hombre puede admirar la grandeza y el poder de Dios al contemplar la naturaleza, pero no puede llegar por la sola razón al contenido revelado, que le dice que a ese Dios creador, que busca en las estrellas, lo puede encontrar en medio de los hombres. Por eso, los reyes magos siguiendo la estrella se acercan mucho, pero no pueden llegar hasta el final. Tienen que preguntar a los representantes del pueblo sacerdotal, depositario de la revelación. Estos tuercen el gesto pero consultan el depósito que se las ha confiado y hallan la respuesta. Es un texto de Isaías el que despeja el camino hasta el niño recién nacido. Causa admiración y perplejidad que, mientras que los sabios de Oriente se muestren tan abiertos (a la razón y a la fe), esos representantes del pueblo elegido estén tan cerrados a lo que sus propias Escrituras les dicen. Vemos que ni la razón ni la revelación bastan por sí mismas. Hacen falta, además, disposiciones personales, es decir, un corazón bien dispuesto. Si no se da esto, la sola razón puede llevar a la soberbia y a la negación de Dios; y la actitud religiosa puede convertirse en fanatismo, y en la negación del hombre al que en nombre de una verdad mal entendida se está dispuesto a matar. 
Nuestros sabios de Oriente, bien dispuestos y abiertos a las evidencias de la razón y a las revelaciones de la Escritura, encuentran al niño y le ofrecen sus dones. Son toda una profesión de fe: oro (el niño es el rey celestial), incienso (es el Hijo de Dios), y mirra (su trono y su gloria serán la cruz).
Una afortunada tradición ha querido que los reyes magos sigan trayendo sus regalos a niños y mayores del mundo entero (últimamente se distribuyen el esfuerzo con San Nicolás, también llamado Santa Klaus). Pero solemos darle a esta tradición un moralismo indebido: los regalos dependen de si nos hemos portado bien, como si fueran el premio a un mérito acumulado. Esto no debe ser así. Los regalos se hacen porque se quiere a la persona agraciada, y con el regalo se le “dice” ese amor, se confirma su ser y se celebra que exista. Es importante que nos hagamos regalos unos a otros como expresión de esos vínculos esenciales que están más allá de todo mérito, y que son un reflejo del amor incondicional de Dios. 
Los magos confiesan y testimonian con sus regalos. Nosotros deberíamos tratar de regalar al mundo el testimonio de nuestra fe, confesada sin miedo y sin vergüenza. Es el mejor regalo que le podemos hacer, pues el mundo necesita de este niño que ha nacido en Belén. Regalar la luz que hemos visto en medio de la noche y que hemos recibido con nuestra fe. Sí, ese es el mejor regalo que podemos y debemos hacer en este mundo no ideal en el que Jesús ha nacido para todos: ser nosotros mismos estrellas que indican el camino que lleva a Belén a todos aquellos que buscan a Dios, que necesitan a Cristo, aun sin saberlo.